El Reino de Dios: un destino que se alcanza individualmente

El reino de los Cielos debe ser el lugar donde finalmente convivimos con Dios y solo se puede alcanzar individualmente cuando desechamos nuestros pecados como explicó Jesucristo. Lo visualizo como el destino final donde se encuentra la paz, la alegría, el amor infinito al final de nuestra vida, pero confieso que a veces soy incapaz de ver el camino que debo transitar porque mi visión y mi realidad están nubladas por el egoísmo, la envidia, la soberbia y otros atributos negativos que impiden distinguir el sendero que nos lleva hasta Dios.

Existen múltiples pistas que permiten apartar la bruma de nuestra ignorancia, y así poder observar el camino que nos conduce al reino de los Cielos, el cual no se alcanza debatiendo dónde y cuándo llegará ese momento, sino más bien, centrándose en las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo. De hecho, él nos dijo “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí “ (Jn, 14:6), al referirse que el camino se logra con su ejemplo, y su verdad que es su doctrina. Sin pasar por alto el pasaje que leemos en Mateo: “En verdad les digo, que ustedes que me han seguido, en el día de la resurrección universal, cuando el Hijo del hombre se sentará en el solio de su majestad, ustedes también se sentarán”. (Mt, 19: 28).

Muchos de nosotros rezamos continuamente pidiendo “Venga a nosotros tu Reino” (Mt 6:10, Lc 11:2), y como se desprende de esa oración, es un destino Individual que todos tenemos derecho. Sin olvidar lo que está escrito en Mateo cuando se afirma “Cuando venga pues el Hijo del Hombre con toda su majestad, y acompañado de todos sus ángeles ha de sentarse entonces en el trono de su gloria” (Mt, 25: 31), son claras pistas que podemos alcanzar el reino de Dios. Sin olvidar el episodio de la última cena de Jesús cuando estaba con sus discípulos, y les dijo que no ha de comer otra vez hasta que la Pascua tenga su cumplimiento en el reino de los Cielos (Lc 22: 16).

Suele pensarse que el reino de Dios ocurrirá en un futuro lejano; sin embargo, permítanme citar a Marcos cuando nos narra un episodio ocurrido en Galilea, donde Jesús afirmo “Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: hagan penitencia, y crean al Evangelio” (Mc, 1: 15); así como la 1ra Carta de Pedro 4: 7 donde afirma “Por lo demás, el fin de todas las cosas se va acercando. Por tanto sean prudentes, y así estén advertidos, y velen en oraciones continuas y fervorosas”, son claras pistas que debemos librarnos de nuestras ataduras banales en nuestra vida.

Otra pista relevante proviene de la Carta de Santiago 5: 7-8 referente a la venida del Señor cuando nos advierte diciendo “¡Hermanos míos! Tengan paciencia, hasta la venida del Señor. Miren cómo el labrador, con la esperanza de recoger el precioso fruto de la tierra, aguarda con paciencia que Dios envíe las lluvias tempranas y tardías. Esperen pues también ustedes con paciencia, y esfuercen sus corazones: porque la venida del Señor está cerca”.

A pesar de lo dicho anteriormente, existe una escena donde Jesús nos explica que el reino está con nosotros, y fue cuando exorcizo a un espíritu endemoniado, y explica diciendo “Más si yo echo los demonios en virtud del espíritu de Dios, síguese por cierto que ya el reino de Dios o el Mesías ha llegado a ustedes” (Mt, 12: 28). En este punto es importante reseñar que la salvación es un don gratuito, como se evidencia en Efesios “aún cuando estábamos muertos por los pecados y éramos objetos de su cólera, nos dio vida juntamente en Cristo, por cuya gracia ustedes han sido salvados. Y nos resucitó con él, y nos hizo sentar sobre los cielos en la persona de Jesucristo” (Ef, 2:5-6).

Al buscar pistas sobre la venida del reino, justo existe un pasaje dónde se pregunta explícitamente: “¿Cuándo vendrá el reino de Dios?”, y continua diciendo “Les dio por respuesta: El reino de Dios no ha de venir con muestras de aparato. Ni se dirá: Velo aquí o velo allí. Antes tenga por cierto que ya el reino de Dios o el Mesías está en medio de ustedes” (Lc, 17: 20-21).

A pesar de todas estas indicaciones para que podamos alcanzar y convivir con Dios, también nos explica Jesucristo sobre el momento para ascender al reino de Dios, cuando afirma “No les corresponde a ustedes el saber los tiempos y momentos que tienen el Padre reservados a su poder soberano; recibirán, sí, la virtud del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y me servirán de testigos en Jerusalén y en toda Judea, y Samaria, y hasta el cabo del mundo” (Hch 1: 7-8).

Me he permitido citar algunos pasajes en la Biblia para señalar que realmente el reino de los Cielos está presente ahora y a su vez en nuestro futuro, pero está condicionado por nuestras acciones, y no será revelado sin la intersección del Espíritu Santo; donde solo hay un camino que se puede encontrar de acuerdo a la luz de nuestras acciones, y por ello, no permitan que les dominen las banalidades y murmuraciones malignas que son obstáculos que evitan el ascenso al reino de los Cielos. Solo hay un Dios, y permitamos que solo él nos ilumine el camino a través de su tercera Persona, el Espíritu Santo.

 

(Publicada por primera vez en https://goo.gl/UBAX1Y)

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